A Barrett, Bolan, Julian Cope, Spinetta; a los bardos y sus flechas, "súmulas de la voz en la luz".
La cinta de la ocultación enhebra
el canto en la hexafurcación
y al desblindar el anhelo
tiende a lo anélido el pelo.
En lo que disuelve templa el despertar de otra escollera
un móvil sellamiento del locus a su escampe.
Desde el verdor alunízase el trashilo
un manto de sármatas brujomínidos
drenando su belén
por el orosígueme del cobre hacia su conífera de candiles:
bananan estambres de la preter-ambrosía del Ku
donde culta la leche verdigris de sus metales.
Cima quieta de vocecitas donde enciende cada cual
su liana o cañita contra el respaldar de nuestros cerebelos.
En rotorismas de torres
en el ¡entren! del árbol que véndase de perfil al poniense
y muestra su puente
el acueducto romano donde antes nos hallamos junto al Loire
donde habíamos saludado ahí al que venía: el Viento
el Rey de los Arboleandros.
La cura del Viento, la llamaron,
la orquestatura de los pontífices con vaivén soltero.
Ángulos de cantores van de punta alrededor del planeta,
narices de flecha,
etiles del éter.
Iniciados junto a un Loire de subpatagonia provenza
en piruetas languedocinas de puntas de flecha
barometrando los meridianos del esplendor
en el halo de unos penachos
despeinados de nuca al bientorear.
Siglas en el tronco siglas en el aire.
Molinos de vientre (y del plexoviniente radiar).
Diamantesis de la colmena.
Cultivos de una sismalgia todoterreno.
El plan de la danza en el plan de los fuegos.
El clan de la hiancia en el clan de la voluta.
Del algo-ir al otrovenir, del algo-oír al otrodecir.
No otro blar en el lar
sino audición de la danza
y lo irreferente del clan ...
¿qué hacés?
¿qué oís?:
..................
Oropeles atardecen bajo la caída sin caída de las ramas
una tras otra sobre la frente bajan
y por ellas subibaja el adn y el flan del mediodía.
De cada rama son las notas
¡soldolámi, soldolámi!
un dios de los sonares y espejos claveteados al tronco.
Flauta también, hasta rebenque del pasar entre vaca y vaca.
Pisáme,
limáme Abdul:
lin, lan, lon;
solsiláre, solsiláre.
Y ya vamos por el pi(a)no
(saludos al follaje)
a la certeza que abunda lesa de su noseguro y de su gota.
Panaderos por el aire entre los hilos,
¿no es raro?
Semillas de ángeles intercordiales al reojo.
Ah, y curanto: me cocino bajo el suelo.
Y carpintero: golpeo el tronco.
Runas en suspenso pendiendo entre árboles –es un decir–
porque son los rebrujos y autobardos
con una salvedad: son vocales de lumbre
en bocor de vientos paráclitos.
Lo miliunochés del llamado
el despertar a la ante-rostridad de los troncos.
En una marmita de grises silúricos
los árboles se elevan.
Punto de maricor de cada trobar
porque es saetilla que apollera
muy de miseñora soy tu ven-hablo
soy en tí generatriz:
vámonos al Viento
a lo que atardece con tigres
buen viaje
amigo o amiga,
buen viaje en verdad
en el viraje de las sendas no daremos en “los mismos”
pero sabremos tirarnos flechas, eros, cupidos,
el buen yantar de otrosís, franciscos, de otros san-mordiscos,
dándonos de probar por la piel de nuevo
ibis que se co-responden al ocaso / en ocasión de.
Cuando estoy celebrando voy más ancho y con brisa
o es mi imante clavicular
un jet de milhojas sobre el cienpiés que la conversión pletora
en la canícula de revelación que calienta las manos
oh frater célibe: bienvenido a lo en-cinta.
Pinta el anochecer y sigo caliente.
Cojo todo el día y sin bastón.
Cantoreses envíen sus flechas de la voz
humos de filacterias y unimembres.
Me relajo intracacique:
siento pintada la “V” térmica de pómulos a nariz
flecha de calor abriendo el tabique a la respiración arbórea.
Las rutas moran en todas las siluetas tan nítidas como un diente.
Cómo muerde la invitación, cómo es que de su aliento muerde.
Y todo lo que da relieve en una mañanería de sierpes.
Mañerismo de ancha manga que desliza el as apetitivo:
“Todavía no se hizo de noche”
(así que la noche todavía está haciéndose)
¿capaz en la ola que por un cope spinetta baja?
El plano de Tanta Sombra
el plan de tanto abierto.
Cada cena un vapor
(el dije cátaro dice)
y aquel vapor de la Cena un tronco carnute al esplendor
más los vahos de los quemados ahora y ahora
en la evacuación tonal del planeta
aunque vapuleando pi(a)nos
mientras aparece la Estrella o su mer-elle
su comitiva melenar de púas y crines libres
la ur-teurgia del embrionar
por donde el caserío morisca
hasta que relumbra, sí, el osario de otras casas.
¿Sí?
Escucho
a los sombreros de la siembra y la danza
al cono de su alteza
sus brazos de espantapájaros mogul
en la liquidez enjoyante de la savia que hace relieve de cortezas
desde el hollín de los arranques
sube y sube el arrastra-referentes óleo de los bardos.
Textil cedido por Ulva Binael para el CD Fumistas, de Ringo-Rango Records.
"HARMALINA DE BARDOS TEGUMENTOS, nítidos ora, borradizos casi, siempre de brumas en la luz, serpientes o jaguares adosados a las escuetas sendas de la mata, en el verdeo."
(Néstor Perlongher, Águas Aéreas).